Miedo

¡Ha llegado tu momento, Miedo! A todos nos llega, tarde o temprano, el momento de evolucionar, de transformarnos y sentir que perdemos nuestra identidad para finalmente acabar siendo alguien nuevo. Es tu turno Miedo y el de tus múltiples caras: miedo al fracaso, miedo a los propios límites, miedo a la soledad, miedo al dolor, miedo al qué dirán, miedo…

Al igual que otras emociones que también aparecen de vez en cuando, solo cumples tu función, lo se, ¡pero eres tan pesado! Hablas constantemente para llamar mi atención, a veces incluso gritas si ves que ando despistada. Pero, para que lo sepas, últimamente he prestado más atención a tu estrategia que a lo que me decías y creo que al fin he descubierto tu juego. Juegas al  “¿Y si…?”: “¿Y si no lo consigues?”, “¿Y si se ríen de ti?”, “¿Y si te haces daño?”, ¡todo el rato con suposiciones!  Normalmente consigues asustarme con ilusiones monstruosas, aterradoras. Y entonces dejo de avanzar, me paralizo, y es por ti Miedo.

Llevas tanto tiempo apareciendo cuando te da la real gana por el Mundo de las Emociones  que incluso has conseguido asustar a la Sabia Autoestima con tus engaños, hasta hacerla sentir pequeña e insegura. Sueles venir con el cuento de siempre: “cuidado con esto que está por venir, no vaya a ser que…”.  ¿Quién sabe si ocurrirán todas esas desgracias de las que hablas? Ya me han pasado cosas, ¡y algunas han sido para cag**se de miedo! Pero las he afrontado en su momento, cuando de verdad estaban presentes, contigo cerca a ratos, ayudándome a calibrar la dirección de mis pasos (¡en eso eres un crack!).

Así que escúchame, no es que quiera desterrarte para siempre del Mundo de las Emociones, pero te voy a pedir un favor: evoluciona, transfórmate y ven por aquí solo cuando seas necesario, entonces serás bienvenido.

Y a base de entenderle el Miedo me entendió a mi, dejando sitio a otras emociones como la Alegría o la Ilusión. Sigue apareciendo algunos días, no siempre cuando es necesario (no lo acaba de pillar del todo). Pero entonces hablamos, nos escuchamos y después de una taza de té decide irse, al darse cuenta de que ya no le creo a ciegas como antes.

 

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